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Desconocido reencuentro

En esta ocasión fui yo quien hizo los honores. El recibimiento, la presentación del espacio de la yurta, la casa donde nos alojamos nosotros con el baño compartido.

Normalmente estos menesteres recaen sobre Yolanda.

Sus dotes para la comunicación y su experiencia en las relaciones sociales están por encima de la media. Al menos de mi media. Pero en esta ocasión ella no podía hacerlo y yo me encargué de mantener el listón a la altura.

 

Llegaron Pedro, Marta, Ana Luna y Zeus. Zeus no es el hijo que completa la parejita, hablando en términos de nuestros padres, sino un perro muy tranquilo que campó a sus anchas por toda la hacienda sin molestar a nadie. A nadie excepto a Karamoko, nuestro gato, que, mostrando una cara que nosotros desconocíamos, marcó de forma contundente su territorio.

Ana Luna, una chiquita inquieta y activa, desde el primer momento hizo buenas migas con Aman, nuestro hijo. ‘Paquipallá’ todo el tiempo.

Marta es la pareja de Pedro.

 

Pedro es en realidad el pintor Pedro Canabal, segoviano de nacimiento, y que, como todo artista que se precie, tiene ese, esa…  no sabría realmente cómo definirlo. Quizá esa impronta, esa huella que le ¿identifica, clasifica? en otro orden. El sentido de la percepción y de la sensibilidad (no lo comento desde el parámetro físico), se manifiesta en algunas personas en cuanto las ves, las sientes, las oyes departir. Ahí entra Pedro. En ese orden.

 

kurukan pedro canabal imagen verano

 

Y luego están las conexiones. Coincidencias que luego de darte por enterado de éstas, te cuestionas  si realmente no hay algo en el universo, en el cosmos, en el todo, no sé, que interconecta de forma ignota, extrasensorial, a las personas. Me explico.

 

Nuestro hijo es adoptado. Es malien, de Malí. Y fuimos a Bamako, la capital, a encontrarnos con él en la primavera del año 2010. En mayo más concretamente. Pues bien. En esas precisas fechas, Pedro Canabal campaba precisamente por aquellas latitudes. Estábamos todos allí sin saber nada unos del otro, naturalmente.

Más.

México Distrito Federal. Agosto de 2006. Sin comerlo ni beberlo, coincidimos allí con todo el tema que se montó alrededor del rifirrafe entre los candidatos a la presidencia del gobierno Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón. Sentimientos a flor de piel, intensidad emocional extrema en las gentes que se agolpaban en el Zócalo entre infinidad de tiendas más o menos improvisadas, en protesta por el presunto ‘pucherazo’ por parte de uno de los candidatos.

Allí estábamos nosotros. Y allí estaba Pedro. Sin saber nada unos del otro, naturalmente.

Y más.

Octubre del año 2016. Pedro se presenta con su familia en la Yurta de Kurukan. Obviamente, esta vez sí sabíamos que venía. O no. Porque la persona que se encargó del tema ‘yurtero’ fue Marta. Nosotros desconocíamos en ese momento que Pedro era, es, su pareja. Y desconocíamos también su periplo viajero, que le había hecho coincidir con nosotros de forma anónima.

 

La guinda.

Una vez ya instalados en la yurta, Aman y Ana Luna, acompañados por Yolanda, deciden ir paseando hasta la plaza del pueblo. En el último momento, Pedro se apunta. Marta se queda en la tranquilidad del espacio, y yo me meto en el pequeño taller carpintero con mis quehaceres.

Al buen rato, ya de noche, vocerío y algarada por parte de todos los componentes de la expedición al pueblo que ya regresaban y que, de vuelta al espacio Kurukan, decían, habían AVISTADO UN OBJETO VOLANTE extraño.

Nos señalan al cielo a Marta y a mi en una dirección concreta. Y miramos hacia donde señalan, entre gritos de adultos y niños.

Y ahí estaba.

Un punto luminoso, más luminoso que todo lo demás que había en ese momento en el oscuro cielo. Aman venía ya con sus prismáticos. Me los pasa, enfoco y observo. Un objeto, similar a los que aparecen en aquellas fotografías de los años 60-70 sobre avistamientos de ovnis, pero en esta ocasión perfectamente nítido, a través de los gemelos, y con un aro luminoso rotativo  en su base.

Y gritos y excitación y pásame los prismáticos y toma.

El objeto permaneció unos instantes estable en el cielo, para luego descender lentamente y perderse tras el skyline de las montañas que separan nuestro valle del de Laguar.

Y miradas entre nosotros y comentarios y excitación. Mucha excitación. Y Pedro que comentaba “Qué flipe! Alojados en la yurta y encima vemos un ovni! Qué flipe!”. Porque una de las razones por las que habían elegido la yurta era por el cumpleaños de Pedro, porque le fascinan las yurtas. ¿Qué más se puede pedir?

 

kurukan pedro canabal fluido y ensoñación

 

Que estemos en un lugar por demás lejano de nuestro establecimiento habitual y que en ese momento otra persona, que en ese momento desconoces, esté también allí. Que ese mismo esquema se repita en otra latitud completamente diferente y en distinta fecha. Que luego esa persona elija, sin ella saberlo a priori, tu alojamiento para hospedarse en el día de su aniversario. Que por ende tengamos la visita de ‘huéspedes inesperados’. Y que todo ello se descubra en Kurukan, en su yurta, y que acontezca con personas de ciertas características, sentimientos, sensibilidades…

 

¿NO HAY ALGO AHÍ?

 

(fuente imágenes: blog de arte de Pedro Canabal)

 

 

2016-11-23T01:45:19+00:00 noviembre 7th, 2016|Categories: la yurta|0 Comments

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